10-05-2015
DEIA: Sabin Bikandi, etnomusicólogo o, como prefiere, humilde tamborilero: 'Hay un miedo a la libertad que trasciende de la música'

JON MUJIKA. BILBAO. - Su hoja de servicios está escrita con el corazón. No en vano, Sabin Bikandi es uno de esos privilegiados que trabajan en lo que aman. Basta con echar un vistazo a su trayectoria -es doctor en etnomusicología y miembro fundador de Aiko Taldea, amén de miembro de la Banda Municipal de Txistularis de Bilbao...- para comprender que la música es una pasión que arrastra desde que le envenenó. Desde hace años investiga sobre la música y las danzas tradicionales vascas. No por nada, desde Aiko Taldea pretende recuperar “el baile de las romerías” . Se autodenomina “un humilde tamborilero”, lejos de todos los brillos.

Escribo etnomusicología y me miran raro, la verdad...

-¡No me extraña! Es una aproximación antropológica a la música de todos los tiempos y culturas, no solo desde un punto de vista occidental. Lanzar una mirada más amplia.

Hay quien denuncia que hay clases incluso entre los instrumentos...

-Algo de razón tiene. Es algo social, cultural e incluso con una visión política. Así, asocian el txistu con el batzoki, la txalaparta con los rojos... En una orquesta sinfónica hay instrumentos que iban a la cola.

¿Cuál de sus investigaciones es la que más le ha sorprendido?

-Fue un descubrimiento y una sorpresa los conocimientos musicales de un maestro de dantzas. Lo que saben de música y coreografía. Aún hoy me maravilla.

¿Se puede bailar en silencio?

-En casa de Serafín Amezua encontré un viejo instrumento y me puse a tocarlo. Y uno de sus hijos, Floren. me escuchó sentado con los ojos cerrados. Al acabar me dijo: hasta tocado igual que aita... ¡y no he fallado un paso! Había bailado sin moverse.

“Solo la técnica te deja frío y solo el alma, sin la ciencia, tampoco te llena... La palabra que mejor define la música es oficio”

¿Cuál es la mayor transformación que ha visto en la música?

-Cuando yo empecé los estudios superiores de música apenas había 261 estudiantes en todo el Estado y a esa categoría de estudios se le llamaba virtuosismo. Treinta años después no tiene nada que ver, hay más gente y más preparada.

¿Qué prima más en la música: la técnica o el alma?

-Solo la técnica te deja frío y solo el alma, sin la ciencia, tampoco te llena.. La palabra que mejor define la buena música es el oficio, una palabra que vamos perdiendo, por desgracia. Echo de menos eso en el sistema educativo.

¿La música?

-No, el valor de los oficios. Los niños aprenden con los ejemplos de los mayores y las raíces de la música la tienen que buscar antes en su entorno que en la escuela. Y recuerde que no hay que infantilizar la música: es algo intrínseco en los rituales del adulto.

¿Qué encadena a la música?

-Lo mismo que a tantas otras cosas: el miedo a la libertad. Cuando le pido a algún alumno que toque algo siempre preguntan lo mismo: qué. Hay miedo a elegir. Pero en la vida tienes que tomar riesgos.

¿Qué le falta al aprendizaje musical?

-Ves, por ejemplo, que los cocineros tienen grandes enseñanzas normalizadas y en la música hay demasiado autodidacta.

FOTO: OSKAR MARTÍNEZ

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