17-02-2014
DEIA: Kepa Artetxe: "Aprendí la danza tal y como era por respeto al país"

Kepa Artetxe, leyenda del baile tradicional, inculca su pasión por las dantzas a las nuevas generaciones.

Janire Jobajuria (Foto: Juan Lazkano)

AREATZA - Aunque pasó gran parte de su vida trabajando en la fábrica La Basconia de Basauri, el patrón más importante en la vida de Kepa Artetxe ha sido la danza. Esta pasión que comenzó cuando apenas era un adolescente, continúa hoy en día a pesar de las siete décadas y media que acarrea a sus espaldas. Así, este dantzari veterano sigue acudiendo a los ensayos del grupo que ayudó a fundar allá por los años cincuenta, Andra Mari dantza taldea. Y, claro, aún baila cuando alguno de los componentes del grupo se lo piden.

Esta leyenda viva del baile vasco nació en 1939 en Elexalde, Galdakao. Por aquel entonces, su caserío formaba parte de "una comunidad" hoy desaparecida formada por baserris en torno a la iglesia de la localidad. Esta barriada disponía de sus propios hornos de pan y todo lo indispensable para secar el maíz y hacer talos e, incluso, txakoli. De aquellos tiempos de chaval guarda una marca en la cara a modo de cicatriz. Lo sucedido aquel día sigue presente en su memoria. "Un día estábamos robando moscatel en la casa de al lado de la nuestra. Nos pilló el dueño, así que tuvimos que salir corriendo y me hice daño con un alambre", recuerda todavía con una sonrisa pícara. Por entonces ya empezaba a picarle el gusanillo del baile.

De niño, los acordes de los txistus y las albokas ya le corrían por las venas. "Mi madre y sus hermanas bailaban. Les veía en las romerías de Elexalde, que se celebraban en las fiestas, no perdían oportunidad. Me acuerdo también de cuando venía el grupo de teatro Txinparta taldea a Galdakao. Yo sabía que quería aprender a hacer aquello que hacían", explica.

Por eso, tras hacerse "aspirante de Acción Católica" en la iglesia del municipio, empezó a tomar clases de danza. Sus primeros compases los aprendió gracias a un par de chicos del grupo que se trasladaban a Santutxu a memorizar a su vez, pasos de danza de la mano de Gaztedi dantzari taldea. "Éramos siete u ocho los que allí estábamos en un pasillo aprendiendo con este método que al poco cambiamos porque era muy lento", rememora.

ANDRA MARI Estas clases improvisadas, realizadas en torno a 1955, fueron el embrión del que sería después uno de los grupos de danzas más activos y populosos de Bizkaia, Andra Mari dantza taldea. Ya en 1959 acudió a su rescate Txelu Etxebarria, de Begoña, "que escribía sobre las danzas de Bizkaia". "Era un buen profesor. Tenía conciencia de la danza, lo que era y cómo había que bailar, porque en aquel momento cada uno hacía lo que podía", asegura Kepa Artetxe.

Por entonces, Andra Mari ya se había estrenado ante el público. Lo hizo en el centro de su pueblo. A este espectáculo le siguieron otros en Usansolo y Erletxes.

"Teníamos más de treinta actuaciones al año. Ahora los grupos no llegan a una docena de ellas", explica Artetxe.

Tal fue el grado de perfeccionamiento que alcanzaron que en las fiestas vascas organizadas en 1961 en Deba, los del Andra Mari fueron los únicos que sabían bailar con fundamento las llamadas eskasak, unos pasos del Ezpata Jokua.

"Vimos que era necesario aprender cómo se hacían las cosas para transmitirlas intactas a las nuevas generaciones. Queríamos aprender las danzas tal y como eran por respeto al país", afirma.

A pesar de sus esfuerzos, el dantzari asegura que algunas de las danzas que se practican hoy en día no han mantenido las raíces. La jota, por ejemplo, está "adulterada". "Ha perdido todo el sentido que tenía antes", asegura.

Antiguamente, los vecinos bailaban la jota "para ligar". "Las chicas bailaban en la plaza y tenías que ir adonde la que te gustaba a pedirle baile. Entonces bailabas por parejas, no como ahora que se baila en círculo. No es natural pero se ha convertido en costumbre, es la jota de los curas", ironiza.

Y es que fue precisamente la Iglesia la que introdujo variaciones en la jota. En Zeanuri, tal y como recuerda Kepa, no se podía completar este baile porque no estaba permitido el agarrao. "Una vez fueron a Zeanuri dos parejas de Andra Mari a un concurso de danzas y las descalificaron porque en las vueltas a las chicas se les vio la pierna", recuerda quien, aún hoy, no puede evitar levantar los brazos cuando escucha una música que le trae a la memoria miles de recuerdos almacenados durante toda una vida dedicada al baile. Ha sido y sigue siendo su vida.

 

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